A ÉL TODA LA GLORIA!!!

jueves, 4 de febrero de 2016

Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar

REFLEXIONA Tus testimonios son muy firmes; La santidad conviene a tu casa, Oh jehová, por los siglos y para siempre. Salmo 93:5
Preocupación Bíblica por la Niñez




Hay de aquel que haga tropezarUna imagen de una menor repartiendo volantes del candidato César Palomino del partido de César Acuña en las calles causó polémica en las redes sociales.
En la imagen publicada por la usuaria Elka Stephanie se puede ver a una niña que reparte volantes de la campaña y vestida con polo con el logo y número del candidato Palomino.
Elka Stephanie
No me gusta la politica y prefiero no opinar sobre ello... Pero hoy mi prima (Andrea Bustamante) tomó esta foto viniendo de su U y la verdad que es realmente indignante ver como usan a niñas de menos de 10 años para tales fines. Acuña... Y si hay mas politicos que piensan "contratar" a menores de edad a hacer campaña... NO LA CAGUEN MAS! El peru necesita niños en los colegios y en su tiempo libre disfrutando de su INFANCIA! No de estar trabajando y mucho menos bolenteando publicidad para sus campañas... Si eso haces ahora q eres un candidato... Que haras con los niños si asumes el poder?!??

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Al lado de la menor se distingue a otras niñas que también llevan puesto el mismo polo con el símbolo del partido "Alianza Para el Progreso".
 
"Hoy mi prima tomó esta foto viniendo de su U (sic) y la verdad que es realmente indignante ver cómo usan a niñas de menos de 10 años para tales fines", escribió junto a la polémica foto.
 
Decenas de usuarios denunciaron el hecho y pidieron explicaciones ante el insólito caso.
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Una realidad invisible
Juan tenía 12 años de edad cuando fue vendido por su prima Mariana al dueño de una plantación de coca en el trópico boliviano. La estatura media de Juan y sus manitos pequeñas eran ideales para la cosecha de la coca, por lo que rápidamente fue puesto a la labor, con jornadas que iniciaban en la madrugada y duraban hasta el anochecer. 
Adaptarse al clima tropical no fue fácil para Juan, pues él y su familia eran originarios de las montañas del altiplano boliviano. La falta de trabajo en su comunidad había dejado a su madre y a su padre con pocas posibilidades de mantener a su familia. Como consecuencia, Juan y sus hermanos comenzaron a pasar hambre, a ausentarse de la escuela, a bajar su rendimiento escolar y a aislarse de los demás niños y niñas de su comunidad. 
Al comienzo, cuando Mariana le propuso conseguirle un buen trabajo lejos de su comunidad, Juan tuvo miedo, especialmente porque se le prohibió hablar sobre este asunto. Sin embargo, él sabía que si se quedaba en su comunidad, con dificultad podría ayudar a su familia. Fue así como Juan, apenas iniciando su adolescencia, salió de su comunidad con la promesa de una vida mejor. 
Una vez en la plantación de coca, bastaron pocos días para que Juan se diera cuenta de que su trabajo no era lo que Mariana le había prometido: al agotamiento físico producto de una jornada de 14 horas se sumaban las malas condiciones de su oscura habitación y la escasa alimentación. 
Sin embargo, lo que más mermó la salud física, emocional, espiritual y mental del joven Juan fue el maltrato físico y psicológico al que fue sometido durante los seis meses que duró su calvario. En ocasiones, si la patrona consideraba que Juan no había logrado cosechar lo suficiente durante el día, lo privaba de uno o más platos de comida. 
La situación empeoró cuando Juan tuvo un accidente mientras trabajaba, sufriendo una delicada lesión en su brazo derecho. La falta de tratamiento oportuno hizo que la herida empeorara  hasta convertirse en una infección severa, causándole altas fiebres y quitándole la posibilidad de utilizar su brazo. Sin la posibilidad de trabajar, Juan fue considerado  inútil dentro de la plantación, por lo que la patrona decidió deshacerse de él, echándolo a la calle y librándolo a su propia suerte. 
Una vez en la calle y sin dinero, Juan  se encontró  sólo y expuesto a todo tipo de peligros. A los pocos días conoció a Marta, una mujer sencilla pero sensible, que, a diferencia de muchas personas con quienes se encontró, no se conformó con darle unas cuantas monedas y marcharse sino que se apersonó del caso de Juan, lo llevó al hospital para tratar su herida y dio alerta a la Defensoría de la Niñez. 
La Defensoría de la Niñez dio seguimiento al caso, pero el proceso se estancó por falta de recursos económicos para llevar a Juan de regreso a su lugar de origen junto a su familia. Fue la articulación entre el Estado y una ONG –Organización No Gubernamental- lo que permitió que Juan fuera trasladado a su ciudad de origen y que pudiera re-encontrarse con su familia.
Mientras tanto, en el altiplano boliviano, los nueve meses durante los cuales Juan desapareció fueron los más duros para la familia de Juan. Junto a su iglesia y comunidad comenzaron a entender que peligros como la trata de personas acechaban aún en comunidades pequeñas como la suya, protagonizadas por personas cercanas como Mariana, por lo que, con la ayuda de la ONG que trajo a Juan de regreso y la Defensoría de la Niñez, se capacitaron y desarrollaron un plan de acción para proteger a sus niños, niñas y adolescentes. 
Cada actor entendió que su rol era clave e irremplazable en esta labor. Cuando  tuvieron noticias sobre el paradero de Juan, su familia y vecinos sintieron una enorme alegría. A su regreso, Juan necesitó muchos cuidados médicos, así como un largo proceso de restauración antes de poder retomar su vida de manera normal, sin embargo contó con el apoyo de muchas personas. 
Hoy, Juan es un niño feliz; vive en un hogar en donde se siente amado, asiste a la escuela y es protegido por su comunidad. En cuanto a Mariana, la prima de Juan,  se dio a la fuga y nunca se volvió a saber de ella.
Un mal de alcance mundial
Pese a lo duro que Juan vivió, su historia termina con un final feliz; pero  no es el caso de todos. Hay cientos de miles de “Juanes” alrededor del mundo que son víctimas de explotación y no cuentan con «ángeles» como Marta para sacarlos del círculo que los ata.
La explotación infantil es un mal tan antiguo como la humanidad misma. La Historia de América Latina da cuenta de cientos de relatos de explotación de niños, niñas y adolescentes relacionados con la venta de esclavos traídos de África a las Américas en el siglo XVII, los niños soldados en Colombia en conflictos civiles desde el siglo XIX, los niños trabajadores en las industrias chilenas en el siglo XIX; sólo por mencionar algunos casos registrados. 
En la actualidad, aunque la recolección de datos sigue siendo limitada se cuenta con estadísticas e historias que ponen en evidencia lo lejos que estamos como sociedad de acabar con un mal que viola los derechos de niños, niñas y adolescentes, y los marca de por vida.
La explotación infantil es uno de los tres tipos de violencia expresados en el Artículo 19 de la Convención de los Derechos del Niño.
La explotación infantil se define como el uso de un niño, niña o adolescente para el beneficio de otros. Esto incluye, aunque no se limita, al trabajo infantil y la explotación sexual. Se hace una diferencia entre el trabajo infantil y las peores formas de trabajo infantil debido a que existen circunstancias particulares en las que el trabajo de las personas menores de edad es necesario para la sobrevivencia de la familia, sin embargo, se espera que este trabajo se lleve a cabo en condiciones que no violen sus derechos. En cambio, las peores formas de trabajo infantil han sido definidas por la Organización Internacional del Trabajo –OIT- como:
  • Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados;
  • La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas;
  • La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes, y
  • El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.
Aunque la abolición de todas las formas de trabajo infantil es una de las metas a largo plazo de los estados miembros de la OIT, la eliminación de las peores formas de trabajo infantil es una prioridad urgente, expresada en su convenio número 182, firmado en 1999. Por medio de este convenio, los 175 estados miembros se comprometieron a adoptar todas las medidas necesarias, de manera inmediata y eficaz para prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil, incluyendo programas de prevención y atención  junto a diferentes actores sociales, mecanismos de vigilancia, sanciones penales, entre otros.
En efecto, las cifras son alarmantes: el último Estado Mundial de la Infancia (septiembre, 2014) emitido por UNICEF[5] revela que, de los 2.200 millones de niños, niñas y adolescentes alrededor del mundo, el 15% realiza trabajos que atentan contra sus derechos y perjudican su desarrollo integral. En América Latina y el Caribe, la OIT estima que 20 millones de niños, niñas y adolescentes están económicamente activos, lo que en otras palabras quiere decir que uno de cada 5 niños, niñas y adolescente trabaja.
Se estima que al menos el 50% de la mano de obra infantil no recibe remuneración alguna o recibe una cantidad muy por debajo de los niveles legalmente establecidos en sus países. Según estudios, algunas de las peores condiciones de trabajo infantil registradas en la región se encuentran en México entre los niños y niñas jornaleros; en las minas de Bolivia, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú que reclutan a niños y niñas puesto que su tamaño facilita la extracción de minerales; en las plantaciones bananeras del Ecuador; y en los cenagales de Nicaragua, Honduras y otros países centroamericanos.
En cuanto a la trata de personas, se estima que 27% de las víctimas de trata son personas menores de edad -al igual que Juan. De entre ellos, 51% de los casos tienen como fin la explotación sexual y 44% los trabajos forzosos. Nicaragua es un país conocido por ser proveedor de la trata de niñas, niños y adolescentes. Honduras, Guatemala y México son puntos de encuentro de personas que son enviadas a un tercer país, generalmente Estados Unidos o Canadá. Costa Rica, en cambio, es el país más "famoso" y solicitado para turismo sexual. En total, se estima que en América Latina y el Caribe 2 millones de niños, niñas y adolescentes son víctimas de explotación sexual comercial o laboral.
Una respuesta integral
Una problemática tan compleja como la explotación infantil no tiene soluciones simples. Este fenómeno tiene múltiples causas, entre las cuales se encuentran factores socio-económicos y culturales como la pobreza, el desempleo, la falta de acceso a una educación de calidad, la migración, la desarticulación familiar, la escasez de espacios de recreación, la discriminación, el machismo, el adultocentrismo, entre otros.
Hace 25 años, el 20 de noviembre de 1989, se firmó la primera ley internacional sobre los derechos de los niños, niñas y adolescentes: la Convención de los Derechos del Niño. Mediante esta convención, los estados firmantes se comprometieron a asegurar que todos los niños y niñas (sin ningún tipo de discriminación): reciban protección y asistencia; tengan acceso a educación y salud; puedan desarrollar plenamente sus personalidades, habilidades y talentos; crezcan en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y reciban información sobre cómo ejercer sus derechos y participen en este proceso de una forma accesible y activa.
A pesar de que esta Convención es la que más ha sido ratificada por los gobiernos alrededor del mundo, su implementación sigue siendo poco efectiva. Hacerlo implica la creación o modificación de leyes, el desarrollo de programas de alcance nacional o comunitario, la asignación de presupuesto o incremento de la inversión actual, la implementación de mecanismos de monitoreo y recolección de datos y el involucramiento de actores clave, priorizando a niños, niñas y adolescentes en todo el proceso.
Ante esa necesidad, organizaciones como World Vision Internacional han decidido trabajar desde un enfoque de Sistemas de Protección, en el que se busca que el Estado y la sociedad civil unan esfuerzos para que la niñez y adolescencia estén protegidas, tal como ocurrió al final de la historia de Juan cuando la Defensoría, la ONG y la comunidad acordaron llevar a cabo planes de acción conjunta. En un enfoque de Sistemas de Protección, la niñez y adolescencia juega un papel esencial como sujetos y agentes de su protección. La familia, la comunidad y sociedad en general -incluyendo iglesias, medios de comunicación, empresarios, entre otros- se convierten en garantes de la protección. De este modo, aunque el Estado es el primer responsable de garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes, incluyendo el derecho a ser protegidos, la carga no recae únicamente en él.
De manera concreta, World Vision Internacional en América Latina y el Caribe aborda la problemática de la violencia contra la niñez desde tres flancos: en primer lugar a través de sus programas de prevención y atención en las comunidades junto a quienes trabaja (como en la historia de Juan); en segundo lugar por medio de la incidencia política para promover la creación o ajuste de leyes y programas que fortalezcan la protección de la niñez y adolescencia; y finalmente mediante a la promoción de cambio de actitudes y comportamientos que perpetúan la violencia contra la niñez, por medio de campañas de sensibilización como la que acaba de ser lanzada y se implementará en toda América Latina y el Caribe durante el 2015 y 2016: “Región libre de violencia infantil”.
El Dios de los niños y las niñas
En la Biblia, la preocupación de Dios por el bienestar de su pueblo es central: su voluntad se expresa en términos de justicia, liberación, integridad y plenitud de vida  para todas las personas, independientemente de su origen étnico, género, edad o condición social. Siendo que los pobres y excluidos de la sociedad - personificados en la Biblia por las mujeres, niños y niñas, extranjeros, viudas, enfermos y pecadores - son quienes están más expuestos  a la violencia y opresión, Dios ha mostrado siempre una opción preferencial por ellos.
Los ejemplos de un Dios que mira con dolor la realidad de los desposeídos, escucha sus oraciones y actúa a favor de ellos son numerosos desde el Antiguo Testamento. En el Salmo 68, el salmista describe a Dios como “… padre de los huérfanos y defensor de las viudas (…) acoge en su casa a los desamparados y libra a los cautivos entre cantos de júbilo” (Salmo 68: 6-7). 
Por su parte, el Nuevo Testamento, Jesucristo predicó con su vida, sus palabras y sus actos su propuesta del Reino. En este Reino habitaría una creación renovada, existiría justicia para los oprimidos, paz para las naciones, vida plena para los individuos, seguridad para los niños y niñas; no existirían la pobreza ni las carencias básicas.
En cuanto a la niñez, el Antiguo Testamento está lleno de pasajes que resaltan el lugar de la niñez en el proyecto de Dios: “Con las primeras palabras de los niños más pequeños y con los cantos de los niños mayores has construido na fortaleza por causa de tus enemigos” (Salmo 8:2). 
La centralidad de la niñez es reafirmada por medio de un hecho histórico y teológico fundamental para el cristianismo: Dios mismo, el Señor omnipotente dueño del universo, el “verbo”, se hace “carne” en la persona de un recién nacido envuelto en pañales. 
Es la grandeza de Dios representada en la imagen perfecta de un niño. Jesús, con su vida, revolucionó la concepción que se tenía de los niños y niñas en su tiempo –y, de hecho, en el nuestro también- al tomarlos en cuenta en una sociedad que los invisibilizaba (Juan 6), al tratarlos con ternura y amor (Marcos 10) y al ponerlos como modelo de quienes quieren heredar el Reino de los Cielos (Mateo 18).
¿Qué significa esto para quienes formamos parte de la Iglesia de hoy? 
Significa no solamente que levantemos la voz por los niños, niñas y adolescentes a quienes  se les ha negado la voz, pero además, significa que debemos honrar su voz y luchar por que esa voz sea escuchada y tomada en cuenta. 
Esto implica que nos “convirtamos a la niñez”, invirtiendo los valores morales que dominan el orden mundial actual en el que los niños y las niñas son seres humanos inferiores y no sujetos de derechos plenos y modelos a seguir para nosotros los adultos. 
Lograrlo requiere que quienes nos llamamos seguidores de Cristo incluyamos a la niñez en nuestras agendas personales e institucionales, de manera que juntos trabajemos por que los niños, las niñas y adolescentes estén protegidos, sean cuidados y tengan la oportunidad de convertirse en todo lo que Dios quiere que sean. 

viernes, 28 de agosto de 2015

Juan, a la verdad, bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo después de no muchos días



Tipo de Archivo: PDF | Tamaño: MBytes | Idioma: Spanish | Categoría: Capacitación Ministerial
Información 
 

Preparemos sermones Expositivos
Los Hechos de los apóstoles

Promesa acerca del Espíritu Santo
1 En el primer relato  escribí, oh Teófilo,  acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 A éstos también se presentó vivo, después de haber padecido, con muchas pruebas convincentes. Durante cuarenta días se hacía visible a ellos y les hablaba acerca del reino de Dios. 4 Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa  del Padre, "de la cual me oísteis hablar; 5 porque Juan, a la verdad, bautizó en  agua,  pero vosotros seréis bautizados en  el Espíritu Santo después de no muchos días." 


LOS HECHOS de los APÓSTOLES

Introducción

A. IMPORTANCIA

El Libro de los Hechos tiene un lugar único en el Nuevo Testamento. Constituye el eslabón lógico entre los Evangelios y las Epístolas. Uno tendría mucha dificultad para leer y comprender las Epístolas de Pablo sin el fondo provisto por Los Hechos. Dos o tres ejemplos en 1 Tesalonicenses ilustrarán pronto el asunto. Pablo dice que él y su compañero habían “antes padecido y sido ultrajados en Filipos” (1 Ts. 2:2). Hechos 16:19–24 describe el trato vergonzoso. 

En otra ocasión Pablo escribe: “Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas y enviamos a Timoteo… para confirmaros” (1 Ts. 3:1–2). Al leer Los Hechos descubrimos que Timoteo se unió al grupo en Listra en el segundo viaje misionero de Pablo (Hch. 16:1–3). También leemos en el capítulo 17 cómo Pablo fue forzado a abandonar Tesalónica y Berea por causa de la persecución de los judíos y se fue a Atenas. De allí volvió a enviar a Timoteo a Tesalónica. 

El Libro de los Hechos nos da asimismo el marco histórico para las epístolas paulinas (con excepción de las pastorales). Es la primera historia escrita de la iglesia, aunque sólo cubre un período de 30 años (30–61 ó 62 D.C.).


B. AUTOR

La voz universal de la iglesia primitiva declara que Hechos fue escrito por Lucas. Esto es especialmente significativo porque Lucas sólo se menciona tres veces en el Nuevo Testamento. Era común en la segunda y tercera centurias atribuir evangelios apócrifos, Los Hechos y varias epístolas a diversos apóstoles, pero no a un hombre desconocido. Esto es por sí solo un argumento fuerte en favor de atribuirle la paternidad literaria del Libro de los Hechos a Lucas.

Las tres referencias a Lucas están en las epístolas paulinas. En Filemón 24, Pablo incluye a Lucas en la lista de sus colaboradores. En Colosenses 4:14 habla de él, “como Lucas el médico amado” y en 2 Timoteo 4:11, escribe: “Sólo Lucas está conmigo.” Estas Escrituras demuestran que Lucas era compañero de Pablo, que era médico y que sólo él estaba con Pablo al finalizar sus días, probablemente atendiéndole como médico. La evidencia externa de que Lucas es el autor es adecuada. 

Grant escribe acerca del testimonio de Ireneo sobre Los Hechos en la primera parte de la segunda centuria: “No sólo usó, sino que proveyó la prueba clásica de que fue escrito por Lucas; la detallada información dada en los pasajes en que el sujeto es ‘nosotros’ (Hch. 16:9–1820:5–21:1827:1–28:16) indican que fue escrito por un compañero de Pablo que fue con él a Roma; este compañero tiene que haber sido Lucas, prisionero con Pablo en Roma (Col. 4:14) y más tarde (2 Ti. 4:11).” El Fragmento Muratorio (ca. 200 D.C.) dice:

  Además, los hechos de todos los apóstoles fueron escritos en un libro. Lucas los condensó para el más excelente Teófilo, porque los eventos individuales sucedieron en su presencia—como claramente lo demuestra omitiendo la pasión de Pedro, tanto como la partida de Pablo cuando este último salió de la ciudad [de Roma] para ir a España.

La evidencia interna, aunque no tan definida, es fuerte. Su punto básico nos lo da Ireneo, como ya hemos visto. Los pasajes en que el sujeto es nos (o nosotros) prueban que el autor de Los Hechos era compañero de Pablo. Existe un acuerdo casi universal entre los eruditos del Nuevo Testamento de que estos pasajes muestran tal unidad de estilo y de lenguaje como para indicar que la totalidad del libro fue evidentemente escrito por la misma persona. De los compañeros de Pablo mencionados con mayor preeminencia en sus epístolas, sólo faltan dos que no están citados en Hechos, Tito y Lucas. Cuando hay que elegir entre estos dos hombres, podemos dejar que la iglesia primitiva decida el asunto a favor de Lucas.

Otra evidencia interna necesita ser mencionada. En 1882, Hobart publicó un libro en el cual afirmaba que hay bastante empleo de lenguaje médico en el Evangelio de San Lucas y en Los Hechos para probar que el autor de estos libros tuvo que ser un médico. Harnack, el gran erudito alemán, prestó un fuerte apoyo a esa tesis. Después que él mismo hiciera su vigorosa investigación sobre el tema, escribió: “La evidencia es de fuerza abrumadora; de modo que para mí, no puede existir duda de que el tercer evangelio y el Libro de los Hechos de los Apóstoles fueran escritos por un médico.” 

Zahn declaró: “W. K. Hobart ha probado a satisfacción de cualquiera que esté dispuesto a evaluar la evidencia, que el autor de la obra de Lucas estaba familiarizado con el lenguaje técnico de la medicina griega y de esto se deduce que era un médico griego.” Moffatt sintió que el estudio de Harnack “ha demostrado esto de modo sumamente conclusivo”.6 A. B. Bruce, escribiendo sobre los Sinópticos en The Expositor’s Greek Testament toma la posición de Hobart en su comentario del Evangelio de Lucas.

Oponiéndose directamente a esto, Cadbury aseveró que Hobart estaba equivocado y que no hay evidencias de un lenguaje técnico médico en los libros de Lucas y Hechos. El escribió: “Es dudoso que su interés [el de Lucas] sobre las enfermedades y su curación excediera al de sus compañeros evangelistas u otros contemporáneos que no eran médicos, al mismo tiempo que las palabras que comparte con otros escritores médicos se encuentran también ampliamente en otra literatura griega para hacernos suponer que provienen de un vocabulario profesional.”

Con todo el respeto que a este escritor le merece la erudición de su antiguo profesor en la Universidad de Harvard, él no puede estar de acuerdo con esta categórica declaración. Aunque Hobart fue demasiado lejos en sus conclusiones, hay un residuo innegable de evidencia de que el autor del tercer evangelio y de Los Hechos muestra la perspectiva de un médico. 

El autor concuerda con Major cuando dice: “Sin embargo hay pasajes en los escritos de Lucas de los que no podríamos decir que prueban, sino que sostienen la hipótesis de que el autor era un médico.” En igual vena, Wikenhauser, después de notar que el “argumento lingüístico en sí mismo” no prueba que “sólo un médico pueda haber escrito los dos libros”, sin embargo añade: “A pesar de eso, la tradición no necesita ser abandonada, y todavía puede ser sostenida porque el autor manifiesta familiaridad con la terminología médica.”9

C. LUGAR DE ESCRITURA

Hay una tradición de que Lucas escribió Los Hechos en Acaya (Grecia). Pero parece más exacto asumir que lo hizo en Roma, donde él termina su libro (Hch. 28:16–31).

D. FECHA

En el siglo XIX muchos eruditos pretendieron que Hechos fue escrito a mediados de la segunda centuria. John Knox propuso ese criterio en años recientes. Pero pocos lo han apoyado. Moffatt sostiene que fue alrededor del año 100. Más popular ha sido el criterio de Goodspeed y Scott,14 de que Hechos fue escrito alrededor del año 90 D.C. Ambos creen que Lucas es el autor. Zahn creyó que la mejor fecha era la de 75 D.C.

Por otra parte, Harnack arguyó enérgicamente en favor de una fecha anterior al 70 D.C., “quizá tan temprano como el principio de la séptima década de la primera centuria”, es decir, poco después del 60 D.C. Torrey piensa que el tercer evangelio fue escrito alrededor del año 60 D.C. y Los Hechos, poco después. 

Parece razonable pensar que Lucas escribió su evangelio en los dos años que Pablo estuvo prisionero en Cesarea—o que por lo menos reunió sus materiales en esa época; y el Libro de Los Hechos durante el cautiverio de dos años que Pablo pasó en Roma. Esa es la deducción más natural sacada del hecho de que la historia termina en ese punto. Eso nos haría creer que el libro fue escrito alrededor del año 62 D.C.

E. PROPÓSITO

La escuela de críticos en Tubinga, Alemania, sostuvo en la última parte del siglo XIX que el propósito de Hechos fue reconciliar a los partidos de Pablo y de Pedro existentes en la iglesia que, por decirlo así, estaban a punta de espada mutuamente. Pero esta teoría “tendencista” ya ha sido abandonada a la luz de escudriñamientos de tiempos después. De hecho, Henshaw llega hasta a decir: “La investigación ahora ha refutado completamente esa teoría.”

Generalmente es sostenido por los eruditos actuales que el prefacio al Evangelio de Lucas (1:1–4) se aplica también a Los Hechos. Si es así, el propósito primitivo, como se declara allí, era que Teófilo pudiera “conocer bien la verdad de las cosas en las cuales había sido instruido”. Una lectura del libro mismo parece apoyar claramente la aserción de Clogg de que el objeto de Lucas era demostrar: “(1) El poder que poseyeron los apóstoles mediante el Espíritu Santo… (2) La expansión gradual de la iglesia, parcialmente numérica mediante este poder de los apóstoles, y parcialmente geográfica.”

Kirsopp y Silva Lake sugieren un triple propósito que quizá formara una declaración más adecuada del caso. Ellos declaran que entre los motivos para escribir el libro, estaban:

  a. Un deseo de probar la inspiración y dirección sobrenatural concedida a la iglesia el día de Pentecostés… b. Un deseo de demostrar que los mejores magistrados romanos nunca decidieron contra los cristianos… c. Un deseo puramente histórico de demostrar cómo la iglesia dejó de ser judía y llegó a ser helénica, porque los judíos rechazaron y los griegos aceptaron el mensaje de salvación.

F. TEXTO

Es necesario decir unas palabras acerca del texto de Los Hechos. Tiene algunos rasgos distintivos que no se encuentran en ningún otro libro del Nuevo Testamento.

Los eruditos han distinguido por lo general cuatro tipos de textos en el Nuevo Testamento. El primero es el texto Bizantino encontrado en la mayor parte de los manuscritos tardíos. Este sirvió de base al llamado Textus Receptus empleado en la versión inglesa King James. Es casi consenso univeral que este es el más pobre de los textos griegos.

El mejor de los textos es el que Westcott and Hort llamaron el texto Neutral (no editado). Este nombre, que causa tantas preguntas, ha sido abandonado casi completamente en la actualidad en favor de una designación más apropiada, el texto Alejandrino. En general éste se encuentra en los dos grandes manuscritos de la cuarta centuria, el Vaticano y el Sinaítico. Solamente los manuscritos papiros de partes del Nuevo Testamento son más antiguos que estos dos. Los traductores modernos emplean este texto que se basa en los más antiguos manuscritos.

El tercero de los textos es conocido con el nombre de texto Occidental y se encuentra en el codex de Beza (designado como D), desde la quinta centuria y también en la antigua versión Latina del Norte de Africa.

La cuarta familia más recientemente identificada por los eruditos es denominada texto Cesareano. El gran problema que confrontan los eruditos textuales es el interrogante de cuál, si es que hay alguna, de estas versiones occidentales representa las tradiciones genuinas. Pero parece dudoso que alguna de hecho pertenezca al texto original. Una comparación completa de los textos del Vaticano y el de Beza, con varias notas, puede encontrarse en el tomo III de Beginnings of Christianity (Comienzos del cristianismo).

Bosquejo Didáctico

          I.      Introducción, 1:1–26
      A.      Los Cuarenta Días, 1:1–11
      B.      Los Diez Días, 1:12–26

          II.      Testificando en Jerusalén, 2:1–7:60
      A.      Los Testigos Predicando, 2:1–47
      B.      Los Testigos Realizando un Milagro, 3:1–26
      C.      Los Testigos Perseguidos, 4:1–22
      D.      Los Testigos Orando, 4:23–37
      E.      Los Testigos Perseguidos, 5:1–42
      F.      Los Testigos Progresando, 6:1–7
      G.      Los Testigos Condenados a Muerte, 6:8–7:60

          III.      Testificando en Judea y en Samaría, 8:1–12:25
      A.      Testificando en Samaría, 8:1–25
      B.      Testificando al Eunuco Etíope, 8:26–40
      C.      Un Testigo Convertido, 9:1–31
      D.      Testificando en Judea, 9:32–43
      E.      Testificando a los Gentiles, 10:1–11:30
      F.      Testigos Perseguidos, 12:1–25

          IV.      Testificando al Mundo Gentil, 13:1–28:31
      A.      Chipre, 13:1–12
      B.      Asia Menor, 13:13–14:28
      C.      Concilio de Jerusalén, 15:1–35
      D.      Nuevamente en Asia Menor, 15:36–16:10
      E.      Macedonia, 16:11–17:15
      F.      Grecia, 17:16–18:17
      G.      Asia 18:18–20:38
      H.      Viaje a Jerusalén, 21:1–16
      I.      Jerusalén, 21:17–23:35
      J.      Cesarea, 24:1–26:32
      K.      Viaje a Roma, 27:1–28:16
      L.      Roma, 28:17–31

Sección I Introducción


El primer capítulo de Hechos es una introducción para todo el libro. Los “hechos” realmente comienzan en el capítulo 2 cuando el Espíritu Santo invistió y dio poder a los apóstoles y a otros para obrar efectivamente. El primer capítulo constituye un eslabón entre el Evangelio, finalizando en la ascensión y los comienzos de la historia de la iglesia en Pentecostés.

El contenido consiste en una breve declaración de lo que sucedió entre los 40 días desde la resurrección de Cristo y la ascensión (1–11) y la única descripción que tenemos de lo sucedido durante los 10 días entre ésta y Pentecostés (12–26). De este modo el primer capítulo es de gran significado histórico.

  A.      LOS CUARENTA DÍAS, 1:1–11

Aunque está insinuado que Jesús aparecía de tiempo en tiempo durante los cuarenta días (véase el diagrama B), aquí sólo se mencionan dos de esas apariciones. En la primera (4–5) El les manda aguardar la promesa del Espíritu Santo. En la segunda (6–9) El les da la promesa de poder para santificar.



    1.      El mandato (1:1–5)


Este párrafo propiamente puede ser llamado el prefacio o prólogo del Libro de los Hechos, aunque algunos restringen el prólogo a los dos primeros versos. Quizá esta sea la mejor conclusión: “Hechos comienza con una transición más que con un prefacio.” Generalmente es sostenido por los eruditos novotestamentarios de nuestra época que el prefacio de Lucas 1:1–4 tuvo el propósito de servir de prólogo al Libro de los Hechos.

Lucas se refiere inmediatamente al primer tratado (1). La palabra griega primer es protos, que en el griego clásico era empleada para el primero de tres o más artículos o párrafos. Esto ha hecho que algunos crean que Lucas se había propuesto escribir un tercer libro. Ellos sienten que esto ayuda a explicar por qué Hechos termina en forma tan abrupta. Pero la mayoría de los eruditos modernos concuerdan con Lumby quien escribe: “El uso de protos para el primero de dos cosas no era extraño en las últimas épocas del griego.” Como ejemplos de ello en el Nuevo Testamento tenemos: Mateo 21:28;1 Corintios 14:30Hebreos 8:79:15Apocalipsis 21:1

El empleo de “primero” por “anterior” es común en nuestro idioma actual. El término griego tratado es logos, traducido “palabra” en 218 de las 339 veces que se repite en el Nuevo Testamento. Aquí sólo se ha traducido “tratado”. Pero este empleo está justificado por Jenofonte (siglo IV A.C., quien habla de un “libro” de su Anabasis como un logos. El primer tratado es sin duda alguna el Evangelio de Lucas, que también está dedicado a Teófilo.

El Evangelio de Lucas y el Libro de los Hechos son las obras más extensas del Nuevo Testamento. Juntos constituyen una cuarta parte de su contenido. Es probable que los límites de estos dos libros fueron establecidos por el hecho de que era impráctico hacer un rollo de papiro de más de 12:5 metros de longitud. Lucas y Hechos ocuparían cada uno 11 metros—¡un rollo bastante incómodo!

El nombre Teófilo (“amante de Dios”) se encuentra sólo aquí y en Lucas 1:3 donde se le llama excelentísimo (véase el comentario al respecto). Algo se ha especulado sobre la razón de la omisión del título aquí. Blaiklock menciona tres razones posibles: “Un aumento en la profundidad de la amistad, el abandono de su oficio, o la conversión al cristianismo.” Pero quizá la sugestión más simple sea que Lucas no vio la necesidad de repetir su título.

Lucas dice que en su primer tratado, él escribió acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar. Algunos eruditos modernos han llegado a negar que la palabra comenzó tenga algún significado, sosteniendo que se trata de un mero auxiliar semítico—comenzó a hacer equivale a poco más que “hizo”. Pero F. F. Bruce objeta correctamente a ese punto de vista. El interpreta la cláusula, como lo hacen muchos otros comentadores: “Como el Evangelio nos enseña lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar, así Los Hechos nos dicen lo que El continuó haciendo y enseñando por su Espíritu en los apóstoles, después de su ascensión.”

La doble expresión a hacer y a enseñar atrae la atención a los dos principales aspectos del ministerio de Jesús—sus obras y sus palabras. Ambas tenían la capacitación divina.

Lucas indica que en su primer tratado, el evangelio que lleva su nombre, él había descrito las obras y palabras de Cristo hasta el día en que fue recibido arriba (2). Es un hecho sorprendente que el Evangelio de Lucas, y sólo en éste, el relato termine con una descripción de la ascensión.

Después de haber dado mandamientos. Es un participio en griego, “habiendo mandado”. Sería mejor traducido en singular “habiéndoles dado mandamiento” (ASV). Esto se refiere a la gran comisión (Mt. 28:18–20) que fue el mandamiento final de Cristo a sus discípulos.

Padecido (3) es sólo usado aquí en el Nuevo Testamento para aludir a los sufrimientos y muerte del Señor. Las primitivas versiones inglesas tienen esta palabra en una media docena de lugares, siguiendo en ello a la Septuaginta que reza passio (gr., pathema, “sufrimiento”).

Se presentó (3) es la mejor versión. Literalmente, “El se puso al lado de ellos” en su aparición de post-resurrección, de tal manera que ellos no pudieran dudar que era El (cf. Lc. 24:30–31).

Pruebas indubitables es una sola palabra, “pruebas” (ASV), pero es un término enérgico (tekmerion), que se encuentra solamente aquí en el Nuevo Testamento. Significa “señal segura, prueba positiva”. Thayer la define como “evidencia indudable, una prueba, algo de lo cual se está seguro por completo”.9 Arndt y Gingrich dicen que significa: “Prueba convincente y decisiva”, pudiendo traducirse la frase, “por muchas pruebas indubitables”.

Apareciéndoseles durante cuarenta días quiere decir que Jesús apareció a sus seguidores de cuando en cuando durante ese período (véase el diagrama B) como vemos por los relatos de los evangelios. Este es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se ha declarado la extensión de su ministerio después de su resurrección.

El tópico de la conversación de Cristo durante esos 40 días fue el reino de Dios. La frase, que se encuentra frecuentemente en los evangelios, significa el reinado o gobierno de Dios en los corazones de los hombres. Sin duda Jesús les habló de la naturaleza espiritual del reino. Pero la verdad penetró con mucha lentitud. Que todavía los discípulos consideraban el reino como si fuera algo político lo demuestra la pregunta del verso 6: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Estando juntos (4) en griego es una sola palabra (synalizomenos). Cadbury y Lake adoptan una versión alternativa encontrada en Eusebio, synaulizomenos, que significa: “pasemos la noche juntos.” Esta es base evidente para la versión “estando con ellos” (RSV). Probablemente sea una mejor traducción lo que se lee en la margen de las versiones inglesas: “comiendo con ellos.” Esto ha sido favorecido por C. S. C. Wilson en su traducción, “participando de la comida con ellos”.

Mandó no es la misma palabra en griego que encontramos en el verso segundo (leer el comentario respectivo). Abbott-Smith indica que la palabra empleada en el verso primero “señala más bien a los contenidos de un mandato”, mientras que la que tenemos ahora es empleada “especialmente para transmitir orden de un comandante militar”. Los discípulos no estaban todavía adecuadamente preparados para la mayor ofensiva contra el enemigo. De modo que su General les dio la orden de esperar (lit., “permanecer allí, cerca”) hasta que fueran llenos del Espíritu Santo para poder realizar su comisión.

El mandato de que no se fueran de Jerusalén sugiere que los discípulos estaban planeando su retorno a Galilea. Los líderes judíos de Jerusalén habían llevado a la muerte a su Maestro y naturalmente era de esperar que persiguieran a sus seguidores. Además, los ángeles en la tumba vacía les habían mandado decir, por medio de las mujeres, que debían encontrarse con su Señor resucitado en Galilea (Mt. 28:7;Mr. 16:7). Jesús se había encontrado allí con ellos (cf. Mt. 28:16–20Jn. 21:1–14). Por lo tanto parecía lógico que los discípulos retornaran a ese lugar.

Pero su Maestro tenía otros planes para ellos. El les ordenó que esperasen en Jerusalén la promesa del Padre; es decir, la promesa dada por el Padre (cf. Is. 44:2–5Ez. 39:28–29Jl. 2:28–29). Esta es una promesa, la cual oísteis de mí (cf. Lc. 24:49Jn. 14:162615:26). Rackham nota que el “súbito cambio del lenguaje indirecto al directo (les dijo no está en griego) es característico del estilo dramático de San Lucas”.

La declaración del verso 5 corre estrechamente paralela a las palabras de Juan el Bautista halladas enMateo 3:11Marcos 1:8; y Lucas 3:16. Exactamente como Jesús repitió el texto principal de la declaración de Juan (cf. Mt. 3:24:17), ahora aquí hace eco a la primitiva declaración del Bautista. El vigoroso énfasis sobre el bautismo del Espíritu Santo, como algo que es mayor y más esencial que el bautismo del agua, anticipa el impulso central del Libro de los Hechos. Cualquier forma de cristianismo que descuide el bautismo del Espíritu Santo es incompleta y prepentecostal. 

De hecho no ha cumplido la predicación de Juan el Bautista. Sin este bautismo no habría Libro de los Hechos y como consecuencia no habría iglesia cristiana en la actualidad. Sin el bautismo del Espíritu Santo en la experiencia personal no hay capacitación adecuada para una vida victoriosa y servicio efectivo.

La última cláusula del 5 dice literalmente: “No muchos días después de estos.” Williams comenta: “El curioso orden de palabras… puede ser una forma aramea (Torrey y Burney) o posiblemente un latinismo (Blass).” Probablemente signifique: “no muchos días después de hoy.”16

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